Las piernas no se me sostienen, los tobillos se inclinan bruscamente para mantenerme. La cabeza me da punzadas cual cicatriz de mago. Y la oreja esta hinchada, dolida y marrón en un intento de curarse. La mente no se puede decir que este en blanco pero hay tantas cosas que no se detiene en ninguna. Y ni siquiera las observa. Puede ser que sea paz. Poso mis manos sobre el estomago, algo duele. Sigo con la mirada perdida. Y mi respiración es lenta. El diablo saldrá a borbotones por arriba o por abajo. Dormir lo calma, comer lo calma y lo que más lo mata es la droga. Pero cuando despierta el diablo no se ha ido, sino que ha crecido.

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