jueves, 14 de enero de 2016

Sin permiso

Y me siguen afectando las conversaciones, los malentendidos, las personas, los ruidos, mi mente, mis nervios, mi prisa y mi risa. No puedo evitar de un tirón. No puedo eliminar elementos de la vida cotidiana. Pero nunca quise una vida cotidiana. Conversaciones que producen malentendidos, no sé a quien se le ocurrió llamar a esto "conversar". Odio la gente, su impaciencia, sus manipulaciones, su hipocresía, sus malos gestos, sus ir por la vida sin una sonrisa en la cara, su ego, su creerse superior al de alado. Odio los ruidos, los sonidos provocados por el hombre. Y sobretodo cuando son conscientes de que lo provocan y molestan a otro ser. Odio mi mente, mi forma de pensar así. Odio mis nervios que se escapan al pensar en todo el odio. Odio mi prisa por querer arreglar todo lo que no veo correcto. Pero sobretodo odio mi risa, porque no me deja ver el mundo tal y como es. Me cambia la percepción de las cosas sin mi permiso. Amo las conversación realmente profundas de madrugada o las totalmente tontas a cualquier hora. Amo los malentendidos que se convierten en un "entendido" que une personas. Amo las personas que me enseñan a no querer ser como ellos. Amo los ruidos provocados por la vida. Amo mi mente, mi forma de pensar así. Amo mis nervios que se escapan al pensar en todo el amor. Amo mi prisa por querer transformar el odio en lo contrario. Y sobretodo amo mi risa porque me deja ver el mundo tal y como me lo imagino.


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