El cuarto se vuelve amarillo anaranjado. Sombras se proyectan sobre la pared. Algo me distrae, algo pincha en mi cara y pronto acabo con ello. Conscientemente ilumino la habitación, con una luz potente y molesta. La sombra que proyecto es monstruosa. Yo misma me asusto de mi. Apago la luz de nuevo. Mis ojos se relajan y se esconden de otra pequeña luz. Aun no la apagare. Algo suaviza mi cara y mi mente. Noto como mi pecho sube y baja. Al subir parece que se llena de fuerza y al bajar expulsa todo lo malo. Puede que sea así de sencillo. Trago saliva, mucha. Ya ni siquuwra tengo los ojos abierti (ya ni siquiera tengo los ojos abiertos).

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