domingo, 10 de enero de 2016

No sé como llamarte

Fatiga, dolor. Tumbada en la cama, intentando respirar. El cuerpo se nota pesado y los parpados aun más. No quiero girarme. El ceño esta fruncido. Algo se descuelga de la pared. Mientras pensaba que pronto caería al suelo, cayo. Tengo el cuerpo agarrotado y un pie al descubierto. Una toalla empapada cubre mi cabeza, el pelo se enrolla a ella para no caer. Como si fuera a pasar algo por deslizarse frió y húmedo sobre mi cuello. El cuello se tuerce hacia la derecha, sin apartar la mirada de lo que hago. Tengo una marca oscura. Provocada por la incesante ansia de búsqueda de calor. Bebo las ultimas gotas de agua sin apreciarlas. Las mantengo en mi boca y sin mas dilación trago. Me levanto y rápidamente me inclino sobre la cama a cuatro patas, intentando buscar una conexión que haga que esta humedad desaparezca. No me agrada, me cansa y quiero acabar cuanto antes. Mi cuerpo parece una roca enorme pero viva. No veo y no quiero ver. Cada vez me es mas difícil luchar contra la oscuridad, pero hasta que no me quede ciega no encenderé la luz.

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